viernes, 9 de marzo de 2018

Jon Juaristi, más es menos



Sonetos de la patria oscura
Jon Juaristi
Edición de Rodrigo Olay Valdés
Renacimiento. Sevilla, 2018.

El soneto, contra todos los pronósticos, sigue gozando de buena salud. Cuando la mayor parte de las estrofas clásicas se ha convertido en arqueología –¿dónde las liras, las octavas reales, los tercetos encadenados?–, en el siglo XX  y en lo que va del siglo XXI se han seguido escribiendo sonetos que no desmerecen junto a los del Siglo de Oro.
            Un puñado de ellos los firma Jon Juaristi, fiel al esquema de los dos cuartetos y los dos tercetos desde su primer libro hasta el último. Ahora nos ofrece esas obras maestras del sarcasmo, la ironía y la melancolía, junto a otros que no parecen ser, para decirlo al modo borgiano, sino “laboriosas naderías”.
            Sonetos de la patria oscura –un título poco afortunado que copia otro de Gabriel Aresti e incluye el del libro más conocido de Juan Manuel Bonet– reúne, en edición de Rodrigo Olay, todos los sonetos publicados hasta la fecha por Jon Juaristi, con el estrambote de un prescindible inédito de agradecimiento al autor de la edición).
            La disparidad de estos textos es rasgo característico de  la poesía de Juaristi, un poeta que gusta del chiste fácil, la ocurrencia circunstancial y la enrevesada alusión erudita, un poeta de obra breve, pero a pesar de eso más de antología que de obras completas.
            Una decena o dos de estos sonetos bastan para otorgarle un lugar de honor en la historia de la poesía española y, lo que es más importante, en la memoria de  los lectores. Nadie como él sabe homenajear a un maestro o a un amigo. Un primer ejemplo lo encontramos en “Gabriel Aresti, 1981”; otro, en “Biblioteca Nacional”, pero quizá mi preferido es el titulado “Para la guitarra de Ángel González”, con su ritmo de corrido mexicano.
            Pocos pueden también equipararse en la expresión del amor-odio hacia su patria (esos sonetos son los que podría justificar el título del libro). Antes de convertirse en bien aprovechado ariete contra el nacionalismo vasco, ya había conseguido Juaristi expresar su conflictiva relación con el propio país en poemas como “Euskadi, 1984” (el más citado de esos poemas, “Spoon River, Euskadi”, es la traducción, aunque no se indique, de un epitafio de Kipling).  
            Con sentimentalismo de tango, escribe “San Silvestre, 1985”, que también lleva la fecha en el título, como subrayando lo que su poesía –una parte importante de ella-- tiene de crónica personal, de investigación sobre su adentramiento en la edad, para decirlo con un título de Bousoño.
            Otras obras maestras: “Dama de Elche”, burlona vuelta de tuerca al tema de las patrias y sus símbolos; el soneto polimétrico “2005”, autorretrato del autor a la altura de la cincuentena, con sus ecos de Manuel Machado y Campoamor; los borgianos, pero nada epigonales, “Denario bizantino” y “Un cruzado húngaro de 1546”; “Encuentro”, que no habría desdeñado en firmar Valle-Inclán.
            Junto a estas piezas memorables, otras esforzadamente ripiosas, circunstanciales o eruditamente enrevesadas. El lector que abra al azar el libro y tropiece con ellas es posible que lo abandone. Por eso habría sido necesario un mayor rigor autocrítico y editorial.
            El editor, Rodrigo Olay, combina cualidades que rara vez se dan juntas: es poeta, excelente lector de poesía y además uno de los más valiosos investigadores universitarios de su generación; aúna sensibilidad lectora y rigor universitario.
            En la introducción a esta antología, sin embargo, acaba ofreciéndonos más un excelente trabajo escolar que lo que debería ser un prólogo dirigido a todo tipo de lectores y muy especialmente al lector hedónico, al que gusta de la poesía, no de sus alrededores académicos.
            Como si participara de la opinión común de que un estudio riguroso  se caracteriza por la abundancia de notas, mientras que su ausencia, en cambio, es propia del ensayo dirigido al lector común, Rodrigo Olay prescinde de ellas.
            ¿Prescinde? No exactamente, sino que las incluye en el texto, ofreciéndonos así páginas –como las que van de la 28 a la 33– donde acumula minucias de dudoso interés y referencias aclaratorias que nos obligan a acudir constantemente al índice. Refiriéndose al soneto “El jardín de Abando” (el lector ha de rebuscar en el índice para ver en qué página se encuentra), nos dice que “el verso 12 rehace el verso gongorino ‘con razón Vega por lo siempre llana’, originalmente dirigido contra Lope”, pero no nos explica lo que significa el verso de Juaristi “con razón sana por lo siempre Mena” (yo no sé, como supongo que tampoco la mayoría de los lectores, a qué se refiere con “Mena”).
            Rodrigo Olay, en lugar de aclararnos las referencias oscuras que abundan en estos sonetos (y le habría sido fácil ya que la edición se hizo en constante comunicación con el autor), prefiere enumerar alusiones literarias, a veces un poco traídas por los pelos, que no siempre es necesario percibir para el disfrute del poema. O se entretiene en hacer estadísticas sobre los sonetos que siguen el esquema italiano o el inglés, los que separan tipográficamente las cuatro estrofas y los que no; ocupaciones quizá interesantes para un trabajo de clase que al lector – y quizá al estudiante– le importan poco.
            El autor de un libro no es el único autor del libro. La labor del editor que selecciona, ordena, prologa o anota  resulta igualmente importante para poner en valor un texto.



8 comentarios:

  1. Poemas de hoy: Papel10 de marzo de 2018, 11:14

    Defender, defender, defender,
    para eso está el rey.
    Defender a unos españoles
    de otros.
    Dividir, no servir.
    De incógnito reinar
    por la mitad.

    © María Taibo

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  2. A mí, Juaristi me divierte mucho. Mis amigos vascos están hartos de que les recite "Patria mía".
    Ese cuarteto:
    "Juré sus fueros en Guernica y Luno,/
    como mandan sus santas escrituras,/
    y esta tierra feroz, feraz en curas,/
    me dio un roble, un otero y una muno./
    me parece de lo más divertido de la última poesia española

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  3. Sobre gustos... Otros prefieren a Chiquito de la Calzada.

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    1. Pasaré la ofensa displicentemente. Me parece que la comparación es ciertamente odiosa

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    2. Es usted la repera, para uno que le quiere hacer una gracia, me refiero al señor benito de soto, y usted sale con esas. hágaselo ver, hombre. Por cierto, ¿por qué no se hace editor?, parece que lo que no le gusta nada son esos señores que ponen la pasta...

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    3. No veo la ofensa por ninguna parte, Benito-Manuel. Chiquito de la Calzada tenía mucha gracia (¿más que lo de "una muno"? Eso va en gustos).

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  4. De hecho ese ¿poema? es gracioso, pero poéticamente semeja un finstro duodenal.

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